¡Qué divina locura! Ponecia de la Asociación de Mujeres Campesinas Proactivas de Aquitania. En el Primer Encuentro de Mujeres que NUTREN el Campo, en Mongua, Boyacá

¡Qué divina locura! Ponecia de la Asociación de Mujeres Campesinas Proactivas de Aquitania. En el Primer Encuentro de Mujeres que NUTREN el Campo, en Mongua, Boyacá

 

Ponencia: Maria Isabel,

 representante legal Asociación de Mujeres Campesinas Proactivas de Aquitania.

 

De nuevo me dirijo a ustedes con el ánimo de contarles parte de nuestra historia. Esa historia que nos convirtió en Mujeres Proactivas de Aquitania.

Un día como cualquiera en Buena Vista, un sector del municipio de Aquitania, hubo alguien que me dijo que “estábamos locas” que cómo se nos ocurría sembrar esas matas (refiriéndose a las hortalizas) en vez de sembrar cebolla.

El que nos hayan llamado locas, no constituyó una gran ofensa, por el contrario, nos dio ánimo para seguir con esa divina locura. Empezamos a sentir la riqueza de nuestro suelo, a ver qué si lo nutríamos de manera diferente él respondía.

Empezamos a notar cambios y también cambios en nosotras mismas. No soy la misma mujer de hace seis años… No, claro que no.

Volviendo atrás, estos cambios se dieron gracias a la intervención de la ONG. Ellos nos motivaron para organizarnos en un proyecto de seguridad alimentaria. Nos dieron las primeras bases para que nos percibiéramos como mujeres, nuevas, valiosas y capaces.

Luego tuvimos la fortuna de que llegara Swissaid a nuestras vidas. Hacer el proyecto, nombrar la junta, el corre corre, lo ires y venir, en fin. Don Ruben enseñando, Doña Patricia con las cuentas, que los recursos, que el presupuesto, que los ingresos, que los egresos, la contabilidad y todo eso. Nosotras pues aprendiendo. Así poco a poco se le dio la vida a la Asociación de Mujeres Campesinas Proactivas de Aquitania.

Continuamos nuestro camino acompañadas por las asesoras técnica, pecuaria y social.  Swissaid nos han ayudado a construir, a vernos y sentirnos diferentes; a ser más unidas y solidarias. Construimos los invernaderos, criamos los animales, y fuimos viendo progreso.

Por supuesto que no ha sido fácil. El hecho de tener un espacio para sembrar fue todo un proceso, empecemos porque Aquitania es el principal productor de cebolla del país. Su economía prácticamente está fundamentada en su producción y comercialización. Con decirle que en algunas veredas no hay zonas verdes para que los niños jueguen o los adultos salgan a caminar. Las casas no tienen jardines, no hay florecitas, ni el colorido se puede dar, pero sí hay cebolla. Árboles casi no hay, de tal manera que conseguir madera es difícil, hay que llevarla de otra parte. ¿Saben por qué pasa eso? Pues porque casi todo se ha cultivado ¿con? CEBOLLA, UN MONOCULTIVO.

En un territorio en donde esto sucede, que se establezca un monocultivo liderado por los hombres, y que de pronto surja un grupo de mujeres que se atreven a cambiar el esquema, sembrando lechugas, zanahoria, cebolla, brócoli y hasta flores entre los surcos de la cebolla, pues claro, ¿Cómo no iban a tildarnos de locas? Y así fue, sembrando entre los surcos logramos que los esposos fueran cediendo poquito a poco el pedacito de tierra, así como quien no quiere la cosa.

Nosotras vivimos en medio de un mercado machista en donde la labor tan importante de la mujer es menospreciada, así lo hemos vivido y lo atrevemos a expresarlo. El trabajo es compartido hombro a hombro con nuestros esposos. Todos los días a las 4:30am de la madrugada del kikiriki del gallo nos levanta, salimos a trabajar y cuando nos pagan el jornal, después de tanto esfuerzo esa plática se queda generalmente en las cantinas del pueblo. Los golpes físicos no dan espera cuando llegan a casa, las malas palabras se gravan en el alma y a veces no hay cómo escapar.

Sin embargo, es de rescatar a aquellos hombres que dignifican su hogar dando justo valor a lo que se ganan, pues ponen en primer lugar su casa, su esposa, sus hijos y las necesidades básicas.

Ser pioneras en nuestro municipio es motivo de orgullo, estar aquí participando de en este primer Encuentro de Mujeres es algo que no imaginábamos.

Ser representante legal de una asociación ha sido muy importante para mí. Cada día que pasa me convenzo más y más de los logros que las mujeres podemos obtener para alcanzar el bienestar propio, de nuestra familia, de nuestra comunidad y de este modo elevar la voz y decir: ¡No queremos más violencia que lleve a pensar que no somos capaces de soñar y realizar! ¡No queremos más violencia que roba sueño y mata esperanzas! No queremos más violencia porque no podemos avanzar. ¡No a ningún tipo de violencia, ni física, ni emocional, ni económica! No estamos dispuesta a aceptarlo.

Creemos firmemente en esta divina locura de sembrar lechugas porque nos han mostrado un camino nuevo, que nos va apartando de esas violencias, así suavecito, hacia un panorama más alentador, productivo e independiente.

Creemos que esta divina locura de sembrar hortalizas, hará que nuestros hijos e hijas vean a unas madres valientes, guerreras, que se aman, que se valoran, que se atreven a soñar. Perdiendo el miedo que a veces se anuda en la garganta. Perdiendo el miedo a levantarnos a volver a construir, vivir y sonreír.

Gracias a esta divina locura colectiva hemos buscado ser mujeres libres, amorosas, mejores como madres y compañeras de vida. Mujeres que generan esperanza y alimentan sueños, mujeres que desean a sus hijos, sus hijas vean en Aquitania un verdadero motivo de vida.

¡Muchas Gracias!