“Los pueblos indígenas queremos vivir en paz en armonía con la naturaleza”

Una población de 916 habitantes entre la mayoría niños y jóvenes tuvieron que salir de sus territorios en plena pandemia, para buscar refugio por temor a que sigan asesinando a más miembros de su comunidad por el grupo armado; los desplazados se encuentran en el Colegio del corregimiento El Valle, en el municipio de Bahía Solano.

Si derramamos la sangre la tierra también muere

Llegaron por el río Valle del municipio de Bahía Solano – Chocó, alrededor de 1000 indígenas  mujeres y hombres, niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos, en sus pequeñas embarcaciones de madera, acompañando al Mayor de la comunidad indígena a Miguel Tapi,  un hombre curtido de experiencia, de color trigueño, cabello lacio y negro, algunas canas surcaban su cabeza; cuerpo macizo y fuerte; era un hombre inteligente, sagaz, alegre, defensor de la cultura, era menos tímido que otros hombres emberas; su cuerpo inerme iba a ser llevado al cementerio local, todas y todos lo acompañaban. En la noche anterior, 3 de diciembre, lamentos emberas en voces de mujeres lo despedían. En el cementerio las mujeres emberas –weraras- pusieron arreglos florales, con llantos y palabras lo devolvieron a la madre tierra.

 

 

Luego una marcha por el corregimiento de El Valle, el 7 de diciembre, con cientos de mujeres y hombres emberas es acompañada de consignas que describen los anhelos del pueblo embera “los pueblos indígenas queremos vivir en paz en armonía con la naturaleza”, esta es la principal; la que es expresada por las  gentes de selva, una selva húmeda, habitada cientos de años por seres humanos que saben de ella y la conocen. La madre tierra, húmeda y verde, que provee de alimentos y medios de subsistencia al pueblo embera. Sembrar en esta selva es todo un aprendizaje de años, “tumbe y pudre” es la técnica; no hay monocultivos extensos, son pequeñas parcelas en diferentes suelos según el producto que se quiere obtener, que se mezclan con la selva, no se tumba una enorme porción de selva, se tumba una área pequeña, que conforma un mosaico de pequeñas cultivos en medio de la selva,  luego se cosecha y la selva recupera su lugar, y así sucesivamente.  

 

 

Hace dos o tres años, esta selva, otrora tranquila porque la violencia de hace más de quince años no se veía, ni se sentía, volvió a ser escenario de grupos al margen de la ley; sus móviles no son del todo claros. Todo parece ser que se trata de controlar rutas del narcotráfico para exportar la tal llamada “cocaína”, producto ilegal que desangra a Colombia. Rincones hermosos, bucólicos, paraísos ecológicos, de culturas ancestrales, están siendo tomados por los ilegales y  el Estado Colombiano se queda al margen; y la gente local en el medio. Este lugar hermoso habitado por nativos, por mujeres y hombres de selva, llamado Resguardo ríos Valle y Boroboro, en honor al río  y quebrada que descienden de la serranía del Baudó en dirección al océano Pacífico, acaba de ser sujeto de un hecho atroz en manos de un actor ilegal.

En la mañana del 3 de diciembre asesinaron de manera extremadamente violenta a un líder, un mayor, a un defensor de la cultura, y consecuentemente esto provocó el desplazamiento de cerca de 200 familias emberas y más de 900 personas. Fueron abandonados los caseríos de cuatro comunidades, los cultivos viejos y recién establecidos, algunas gallinas, algunos perros, no se pudieron llevar al pueblo. Esto pone en riesgo la sobrevivencia del pueblo embera.

Si derramamos la sangre la tierra también muere” esta es otra consigna, lo dicen las mujeres, lo corean todos en la marcha; “No queremos más guerra, queremos vivir en paz”,  “no maten el sueño del pueblo embera, apóyenos”; todos estos deseos expresados con dolor y desamparo por los emberas requiere ser escuchado.

SWISSAID como ONG Suiza cofinanciadora que viene acompañando al resguardo desde hace más de tres años mediante convenios de cooperación firmados con la autoridades indígenas locales, extendemos nuestro apoyo en estos momentos difíciles y llamamos a otras organizaciones a vincularse mediante el acompañamiento, y exigir la presencia del Estado para ayudar a sobrellevar esta situación.  


Con este asesinato son más de 250 líderes asesinados en Colombia, este año, según Indepaz, la cifra más alta en comparación con los años anteriores. 


Rechazamos hechos como estos que se vienen sucediendo por muchos lugares de Colombia, que afectan el anhelado deseo de la Paz en Colombia, una Paz estable y duradera.

 

SWISSAID Colombia

9 de diciembre de 2020

Fotografías: Yamid Machuca - Líder de la comunidad de Pozamansa