• septiembre 2, 2022
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Reconociendo una experiencia modelo de conservación de los ecosistemas locales y conciencia ambiental

Reconociendo una experiencia modelo de conservación de los ecosistemas locales y conciencia ambiental

En San Antero, Córdoba, un municipio ubicado en la costa norte de Colombia, representativo por sus zonas pesqueras, playas, ríos y manglares a la orilla del Golfo de Morrosquillo; se ubica la Bahía de Cispatá, una zona  adornada por  su flora y fauna  que alberga  más de 5.000 hectáreas de manglar, y donde se encuentra ASOICAIMAN, una asociación conformada por 18 hombres ex cazadores del caimán aguja, conocido científicamente como Crocodylus Acutus, quienes hoy con mucho esfuerzo y amor dedican su vida a conservar los manglares y en particular esta  especie que estuvo en peligro de extinción.

Con el apoyo de SWISSAID y EnvolVert, se desarrolló un intercambio de experiencias entre 26 campesinos(as) y mineros de Toluviejo y Ovejas, interesados en desarrollar iniciativas por la conservación de los bosques en su territorio, como la organización ASOCAIMAN. El objetivo de este intercambio fue conocer y tomar de referencia esta experiencia organizativa y de gestión comunitaria para la incidencia en la declaratoria del Distrito de Manejo integrado (DMI) de Cispatá, primera área protegida de carácter regional con influencia marina y costera en Córdoba.

Con un clima cálido a medida que se va adentrando a San Antero, poco a poco el grupo de visitantes provenientes de los municipios de Toluviejo y Ovejas Sucre, inician esta aventura, para conocer la experiencia del cuidado de estas especies silvestres que habitan el preciado lugar. A medida que se ingresa al terreno se puede apreciar el sonido de las olas del mar chocando en la orilla de la playa, se respira aire puro y se disfruta de la paz que emite este hermoso lugar. 

A medida que se va llegando a la Bahía, se puede observar a primera vista las ardillas corriendo libremente de un árbol a otro, aves decorando el paisaje con sus cantos; se percibe   el aroma de la arena húmeda y se siente la fraternidad de las personas al recibir a sus visitantes. Al iniciar el recorrido,  los invitados fueron recibidos por integrantes de ASOCIAMAN no ocultan sus expectativas por conocer todo el proceso y los desafíos que implica cuidar esta especie, que además aporta a la estabilidad del ecosistema en esta zona del Caribe Colombiano.

ASOCAIMAN, forma parte de una de las muchas organizaciones que participan en la implementación del el Plan Integral de Manejo Ambiental del Distrito de Manejo Integrado (DMI) de Cispatá, que cuenta con 11.700 hectáreas (ha) de Manglar bajo planes de aprovechamiento y uso sostenible.

José Luis Miranda, un hombre sonriente y con voz tranquila, oriundo de San Antero y perteneciente a ASOCAIMAN, a sus 62 años de edad,  relata con entusiasmo y un poco de nostalgia esos años en los que él y sus compañeros sin conciencia alguna, por poco exterminan una especie de gran importancia. Hoy resalta con mucho orgullo la labor que han realizado, tomando una conciencia ambiental totalmente distinta.

 

“Toda mi vida me dediqué a la casería ilegal, posteriormente tuve la oportunidad de participar en el proyecto de conservación del Caimán Aguja, con el fin de hacer uso sostenible de la misma especie y aportar al desarrollo ecoturístico a partir de la conservación del caimán”. 

En medio de su diálogo, se podía sentir la sinceridad de sus palabras y el deseo de seguir comprometidos como comunidad que espera contar con el apoyo de los turistas y del gobierno para seguir fortaleciendo esta ejemplar labor “me siento orgulloso de que la comunidad ha tenido unos resultados excelentes por medio de la conservación de los manglares y las especies, generando adicionalmente el desarrollo económico de la bahía, es un compromiso nuestro”. Agregó. 

Estas experiencias han permitido reconocer la importancia e intercambio de saberes entre los participantes para hacer un cambio cultural para la conservación de los ecosistemas y la vida en cada territorio, así, como se vive en el departamento de Sucre, reconocido por sus bosques secos tropicales, especies vegetativas, fauna y flora únicas en el país; en el que hoy día queda solo el 9 % de su paisaje natural.

 

“Este tipo de iniciativas permiten que los y las participantes del proyecto conozcan la experiencia que han tenido los ex cazadores, que a través de esto tengan conocimientos bases para continuar con los procesos de conservación en el departamento de Sucre”. Expresó James Castro, coordinador agroforestal, Envol Vert.

Cuando el reloj marcaba las 10:30 a.m. el guía indica a los y las visitantes el camino hacia la asociación donde varios de sus compañeros esperaban para iniciar el recorrido con una charla, donde  explican la función fundamental que cumplen los manglares al ecosistema, actuando como una barrera de defensa costera natural al presentarse un aumento del nivel del mar, la erosión, el calentamiento global y conservación de especies. También  explican de manera muy detallada las diferentes clases de caimanes y cocodrilos que existen, como también la importancia del material fecal de éstos, compuesto por aminoácidos que sirven como alimento para los peces que habitan la zona.

 

Durante el trayecto, se encontraba Betzabeth López Macías, el capitán de lancha, un hombre fornido, alto, sonriente y elocuente encargado de recibir a los visitantes con entusiasmo, pendiente a cada detalle, monitoreando que todas y todos tuvieran puestos sus chalecos salvavidas para iniciar un recorrido por la ciénaga misteriosa de este lugar; ese mismo hombre que hoy recita con un gran repertorio cualquier detalle que se le pregunte acerca de las especies o funcionamiento del manglar, en la época de cazador era el más temido de la Bahía Cispatá.

Es una época que no me gusta recordar, porque si volviera a nacer no cometería los errores que cometí, cazábamos de manera indiscriminada, al inicio cuando me hablaron del proyecto lo rechacé 4 veces,  pensando que era una trampa, porque sabía que lo que hacía era ilegal. Cuando decidí ingresar puedo dar certeza que fue la mejor decisión, porque hoy en día somos reconocidos a nivel internacional,   muchas personas hoy vienen a tomarse fotos y a conocer nuestro trabajo”. 

El día transcurre y el sol sigue calentando cada vez más, el grupo de visitantes se embarca en dos lanchas adentrándose poco a poco en las profundidades de la bahía. A medida que se alejaba la embarcación, se podían apreciar los majestuosos manglares; en medio del recorrido, el guía continuaba relatando detenidamente aquellas historias en las que años atrás la comunidad con ciertas prácticas había destruido alrededor de 28.400 hectáreas de manglar para explotar la madera, al igual que la transformación tiempo después, a través de viveros comunitarios han recuperado más de 5.000 hectáreas.

Por su parte, Alex Miguel Sierra, minero de la Asociación de Minas de Varsovia -ASOMIVA- del municipio de Toluviejo,  con voz nostálgica y quebrantada expresa su admiración y anhelo de poder lograr experiencias similares en su territorio.

 

“Es una experiencia única, que jamás imaginé vivir y, pensar que este hermoso trabajo lo teníamos tan cerquita de nuestro pueblo, hoy me llevo de aquí el esfuerzo y la dedicación que hizo este grupo de ex cazadores, si ellos pudieron nosotros también y debemos cuidar nuestro medio ambiente, animales y territorio, esta orientación y enseñanza es un gran ejemplo”.

Al regresar y al asomarse un hermoso atardecer y caer la noche, el grupo se alistaba para volver a embarcarse en las lanchas y adentrarse en una nueva ruta; con un poco de miedo y emociones sentían curiosidad por ver los caimanes que viven libremente dentro del bosque, pero que en muchas ocasiones son reacios a la luz y al ruido provocado por las personas, lo que dificulta verlos.

Con un trayecto de media hora, poco a poco se entraba al territorio de los Crocodylus acutus, y a lo lejos se podían ver los ojos con mirada fija y pocas veces el cuerpo completo de esta especie, los y las tripulantes estaban emocionados(as) de poder vivir esta experiencia y observar a lo lejos algunos pescadores trabajando silenciosamente en medio de la Ciénega para pescar algunos peces que serían comercializados y llevar el sustento al hogar.

Al día siguiente finalizó la experiencia con una reflexión por cada participante, relatando que se llevan las mejores enseñanzas y aspiraciones para trabajar en la conservación de sus territorios, así lo hizo saber Luis Fuente Barbosa, proveniente de la vereda Coraza, municipio de Toluviejo.

 

“La experiencia que hemos vivido es inolvidable,  le doy gracias a Dios, porque es un conocimiento adquirido que podemos compartir con nuestra comunidad, andar en el mar en horas de la noche nos ha permitido conocer el propio caimán, las tortugas, entre otras especies. Estamos agradecidos con el equipo de trabajo de las organizaciones que nos han permitido estar aquí” .

SIWSSAID y Envolvert, en su compromiso social, continúan trabajando de la mano de las comunidades en sistemas productivos, agroforestales, silvopastoriles, la restauración de ecosistemas locales, seguridad alimentaria y la mejora de los ingresos con igualdad de género que permita alcanzar una sostenibilidad del medio ambiente y empoderamiento en el territorio.


Nota y fotografías: Estefanía Contreras – Comunicaciones proyectos Sucre

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