La conservación in situ de semillas nativas y criollas por redes de custodios(as) y guardianes(as) de semillas en Colombia,
más allá de conservar.
Colombia es centro de origen y diversidad de muchas especies de importancia para la agricultura y la alimentación, con especial importancia maíz, frijol, yuca, papa y tomate, que son base de la cultura alimentaria de gran parte de la población colombiana (la base de la dieta es: arroz, plátano, papa, maíz y frijol). Sin embargo, el abastecimiento a los centros urbanos de mayor densidad poblacional se circunscribe a unas pocas variedades de estas especies, muchas de las cuales se producen bajo modelos de revolución verde (semillas certificadas, venenos, fertilizantes químicos, monocultivo, etc.). Esto ha significado el desplazamiento y pérdida de una gran diversidad de variedades locales, poniendo en riesgo las culturas alimentarias, la calidad de vida y la agricultura misma.
La conservación de la agrobiodiversidad implica su coevolución con el ambiente (plantas, animales, suelo, clima) y las culturas que las crían (comunidades campesinas, indígenas y afro). De acá la importancia de la conservación in – situ, en su ambiente natural, bajo sistemas tradicionales de cultivo. Ahora bien, como muchos de los sistemas de cultivos ancestrales se han perdido o se han modificado, es necesario plantear una propuesta de identificar y mapear los sistemas productivos ancestrales que aún se conservan y los que se han perdido en Colombia. Con base en esto proponer estrategias de conservación y estudio de los mismos.
“Conservar la biodiversidad in situ consiste en proteger los ecosistemas naturales manteniendo las poblaciones de las especies que los componen o recuperándolas si se han deteriorado. La conservación in situ de especies cultivadas se refiere a mantenerlas en los sitios en donde han desarrollado sus características[1] ”.
Aunque los especialistas plantean que la protección de las especies cultivadas debe hacerse en sus sitios de origen, es importante señalar que muchas semillas que se han adaptado a condiciones ambientales y de manejo de algunas culturas, que se han denominado como criollas, también se pueden conservar in situ. En este caso en los territorios en los que se han adaptado y adoptado.
Las redes de custodios y guardianes de semillas en Colombia con el acompañamiento del Grupo Semillas y SWISSAID, en el marco del programa Semillas de Identidad, realizó un diagnóstico participativo de los maíces nativos y criollos en Colombia en el año 2018 (ver diagnóstico) El diagnóstico identifica más de 400 variedades de maíces, de las cuales el 60% está en situación de pérdida y escasez. Se podría plantear una estrategia de recuperación de las variedades perdidas a partir de los bancos de germoplasma manejados por la red de bancos de germoplasma que manejan entidades como AGROSAVIA, CIAT y CIMMYT. Pero también se puede investigar que comunidades aún las conservan en pequeñas cantidades e iniciar una campaña de recuperación in – situ.
El centro de origen del maíz es meso américa. Según el último estudio de la Universidad Nacional de Colombia, las razas de maíz en Colombia son 40. Las características de estas variedades son diferentes, lo que define usos culinarios y agroindustriales muy diversos, según su grado de dureza, contenidos de harina, característica de reventar, sabor, color, etc. El maíz se siembra en todos los climas de Colombia, desde los 0 msnm hasta más de 3.000 msnm lo que la hace uno de los cultivos de mayor variabilidad y adaptabilidad climática.
En este sentido, el Programa Semillas de Identidad ha venido trabajando con las redes de semillas para recuperar algunas de estas variedades, las cuales aún tienen un valor cultural para las comunidades. Se ha avanzado con la recuperación de variedades de maíz tales como: cariaco, tacaloa, negrito y azulito en el Caribe; montañero, cucaracho, diente caballo y capio blanco en la región cafetera; chococito en el pacífico y Risaralda; chulpe, capia, morocho y canguil en Cauca y Nariño. Las redes de semillas, además, han realizado ensayos para su caracterización más detallada y para
determinar su rendimiento con manejos agroecológicos.
Al igual que el maíz, los frijoles, papas, yucas, tomates, etc. tienen una amplia diversidad de variedades muchas de las cuales se han perdido o están en riesgo de perderse. El trabajo de conservación de la agrobiodiversidad recae principalmente en custodios de semillas y comunidades que mantienen una relación estrecha con su cultura alimentaria y sistemas productivos ancestrales y tradicionales y que manejan una gran diversidad.
Algunos ejemplos de los ensayos de caracterización de maíz realizados por las redes de semillas entre 2021 y 2023:
En Risaralda se adelantaron ensayos en el cultivo de maíz de la variedad chococito o chami tratando de hacer un rescate de la variedad, aplicando otras técnicas de siembra diferentes a las tradicionales, con el fin de lograr que personas de la región cafetera lo siembren y no se pierda, se logró obtener una mejora en el rendimiento de producción pasando de 600 a 900 kg/Ha. Este es un aumento del 50% sin embargo, la variedad en comparación con otras que se siembran en condiciones similares sigue teniendo unos bajos rendimientos y no es muy aceptada por la comunidad campesina
En el municipio de Restrepo en el Valle el rendimiento del maíz chococito azul para el año 2023 fue de 1.892 kg/h, duplicando el del año 2022 que fue de 964,2 kg/ha. El caso del ensayo comunitario con maíz amarillo curuntillo, en la finca los Cachimbos, vereda los Quingos, corregimiento de Siberia, Municipio de Caldono – Cauca, con apoyo de los estudiantes de la Universidad del Cauca, los datos de rendimiento fueron en promedio de 3.450 kg/ha. Sin embargo, los casos más simbólicos se presentaron en los ensayos de Nariño y Riosucio, con los maíces capia blanco y blanco común respectivamente. El rendimiento del capia blanco pasó de 1.550 kilos a 6.550 k/ha. Y el blanco común pasó de 3.000 a 4.600 k/ha.
Las prácticas agroecológicas utilizadas fueron:
- Cultivos de cobertura, manejo de suelos
- Utilización de semillas nativas y criollas
- Conocimientos culturales, calendario de cosechas, fases lunares
- Compostaje uso de bio preparados
- Elaboración y aplicación de enmiendas orgánicas
- Manejo agronómico de plagas y enfermedades
- Labranza mínima, laboreo y siembra directa
- Rotación y asocio de cultivos
Una política pública de conservación de la agrobiodiversidad debe ser integral y contemplar la alianza de ambos sistemas de conservación in situ y ex situ. Esto debe implicar la apropiación de recursos para que ambos sistemas funcionen, no solo la conservación ex situ.
Por: Mauricio García Alvarez
Coordinador Semillas de Identidad – SWISSAID Colombia
m.garciaalvarez@swissaidcolombia.org
[1] Baena, M., S. Jaramillo y J.E. Montoya. 2003. Material de apoyo a la capacitación en conservación in situ de la diversidad vegetal en áreas protegidas y en fincas. Instituto Internacional de Recursos Fitogenéticos, Cali, Colombia.