No todo lo que comemos alimenta, no todo lo grande y homogéneo es bello. Lo sabemos porque comprendemos la diversidad de las semillas nativas y criollas, su fuerza de adaptación al cambio climático y su resistencia para salvaguardar saberes, historias y tradiciones de pueblos enteros. En el corazón de las semillas nativas se escucha el rumor de los orígenes, en el corazón de las semillas criollas, el rumor de antiguas voces, ecos de un segmento de nuestra especie que ha sabido relacionarse creativamente con la naturaleza y le ha dado formas que mantienen el equilibrio.  

En la genética de esas semillas existen otras cartografías de este mundo, saberes ancestrales, prácticas culturales e identidades que promueven otras formas menos devastadoras de relacionarnos con la tierra, con los alimentos, con el otro, con la vida. Lo sabemos porque es conocimiento vivo que ha sido resguardado por una extensa red de guardianes y guardianas a través del tiempo y frente a todo cataclismo. Esas personas que en Colombia también son conocidos como custodias y guardadoras de semillas, son las llamadas a comprender y transmitir todo ese cúmulo de información y prácticas, esa fuente de saber que ha permitido a nuestra especie habitar el mundo y reconocer la forma que tiene el mundo de habitarnos.  

En Colombia, muchas semillas han desaparecido, muchas prácticas y saberes se han visto afectados por desplazamientos ocasionados por el conflicto y grandes segmentos poblacionales se ven expuestos a una fuerte crisis alimentaria. 

Para dar respuesta a esa crisis, apoyando la organización comunitaria en torno al rescate de saberes y semillas, SWISSAID-Colombia ha promovido el Programa Semillas de Identidad en 10 departamentos agrupados en 5 Regiones: La región Caribe conformada por los departamentos de Bolívar, Córdoba y Sucre; la Región Cafetera donde convergen Antioquia, Caldas y Risaralda; la región Sur-Occidente conformada por las redes del departamento Valle del Cauca y Cauca; así como la región Centro y la Región Sur donde se destacan el departamento de Boyacá y Nariño, respectivamente.  

Bajo esa iniciativa, diversas organizaciones campesinas, raizales, afrodescendientes e indĂ­genas han estado tejiendo redes con diversos sectores de la sociedad para recuperar, conservar y promover el uso de semillas nativas y criollas en los territorios. Algunas de las necesidades más apremiantes, son la defensa de las semillas frente a polĂ­ticas y leyes que bajo esquemas de privatizaciĂłn van despojando a hombres y mujeres rurales del control de sus semillas y con ello de sus sistemas productivos locales, permeados de cultura e identidad. 

Durante 20 años estas redes de custodios y guardianas han logrado implementar 83 “Casas Comunitarias de Semillas-CCS”, para la preservaciĂłn in situ de semillas con el fin de dinamizar los sistemas para su distribuciĂłn, intercambio, prĂ©stamo y venta. Algunas de las redes logran hoy en dĂ­a recuperar, conservar y vender un promedio mayor a los 1.500 kilos de semillas al año, lo que repercute positivamente en el propĂłsito de visibilizar el trabajo realizado y mejorar los ingresos de la poblaciĂłn rural de mujeres y hombres vinculados a las redes de semillas.  

Estas redes se han cualificado en la producciĂłn con calidad a travĂ©s de un proceso de formaciĂłn y experimentaciĂłn local participativa que permite generar conocimiento sobre las semillas que producen y distribuyen. Como uno de los productos de este trabajo se ha construido el Sistema Participativo de GarantĂ­a de la calidad de las semillas nativas y criollas, asĂ­ como la “Escuela Semillas de Identidad – ESI – Escuelas Regionales de FormaciĂłn de Custodios y Guardianes de Semillas Nativas, Criollas y AgroecolĂłgicas”.  

EspecĂ­ficamente, la Escuela Semillas de Identidad es una propuesta de formaciĂłn con enfoque transversal de gĂ©nero que busca entre otras cosas, dar respuesta a la necesidad de aumentar la producciĂłn de semillas nativas y criollas de calidad, además de garantizar la diversidad de las mismas bajo un enfoque agroecolĂłgico que tiene como base la producciĂłn ambientalmente sana, econĂłmicamente viable, socialmente justa, culturalmente aceptable y polĂ­ticamente concertada para el mejoramiento de las condiciones de vida. 

Dicho proyecto educativo se erige desde entonces como un espacio consciente para compartir e intercambiar los saberes que habitan en cada rincĂłn del territorio colombiano, en cada historia de vida, para dinamizarlo en espirales de conocimiento, fortalecerlo en redes locales con trabajo colaborativo, hacer investigaciĂłn participativa con respeto por la tradiciĂłn y a la vez con decisivo interĂ©s por la experimentaciĂłn y las prácticas sostenibles. En los dos años de existencia de la Escuela, se han logrado capacitar más de 300 personas para ser guardianas de semillas en nueve departamentos del paĂ­s. Estos nuevos guardianes y guardianas, articuladas al programa Semillas de Identidad, incorporan, generan y replican conocimientos mediante un diálogo horizontal entre la ciencia y la tradiciĂłn. 

Con cada guardián y guardiana que emerge en el territorio se fortalece la red que produce alimentos de manera limpia, la red que defiende la diversidad como bien común, la red que revalora la cultura de los pueblos, la red que siembra semillas de identidad, la red que genera cambios que perduran.

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